Amor

Dos minutos antes de la madurez

Estamos viviendo un impasse mechado cual segundo cósmico dentro de una era de hielo. Científicamente comprobado. Ponele. Ocupamos una franja del Cenozoinco, la “era del ser humano y los mamíferos” (como si las medusas no estuvieran a punto de conquistar los mares o los delfines no fuesen la segunda criatura más inteligente del planeta en base a métricas humanas.

Seguimos cayendo en la vanidad estúpida de referirnos a nuestros animales de compañía como “mascotas”, y a nosotros como sus “dueños”. Divinizamos a Shakespeare sin pensar que su vigencia es apenas producto de que la civilización occidental esté construida y administrada por el Reino Unido.

Ignoramos -queremos ignorar- cualquier posibilidad de extinción masiva. Inventamos al inmortalidad, le buscamos sentido a cada uno de nuestros actos. Justificamos la injusticia y el malestar ajeno por el simple hecho de que nuestra gloria vale más.

Me cago en todos. Me cago en todos. Sí, me cago en todos. En mí, y en todos.

Entréguense a lo que amen. Al arte, la biología, la filosofía, la astronomía. Cásense con el fósil de un gliptodonte. ¿Aman la economía? Entréguense a Keynes, hijos de puta. Garchen tanto como puedan. Respeten a las mujeres. Dejen que hagan lo que se les canten los huevos. Dejen que los tipos hagan lo que se les canten los huevos. Respeten a los tipos. Llamen a toda su lista de contactos en el celu a las cuatro de la mañana, imposten la voz y pidan empanadas.

Espero arrepentirme de estas palabras y encontrar la calma. También espero que jamás me arrepienta de decir esto, y dejarme llevar.

Tengo que decirlo, antes de que “esa torpe resignación a la algunos llaman madurez” ocupe y tapone el hueco destinado a contener todo lo hermoso que alguna vez esperé crear y compartir con ustedes.

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Haga el siguiente experimento:

Sea correspondido por una persona cuya proximidad sea capaz de subirle la presión arterial con delicia hasta sentir que los tímpanos se le van a escapar de la cabeza. Una vez superada la parte más difícil establezca, de pronto, un grado de proximidad física alarmante. No la toque, pero permanezca en una actitud de equilibrio titubeante permanente. Admire cada acierto natural, cada accidente, cada nota curiosa en la piel, en los plieges de la ropa, gestos, cada imperfección irrelevante que l@ vuelva un poco más especial. Recorra la figura sutilmente, como si la sobrevolara. Háblele cerca. Diga cualquier cosa. Cualquiera, siempre y cuando no revele nada de lo que le ocurre. deje que le conteste, quizá acortando todavía más la distancia entre voz y voz. Pero no choque. No se apure. Y no vuelva a hablar. Muerda el aire que tal persona acaba de liberar, como quien captura al prófugo de una negligencia. No diga nada que pueda insinuar el trémolo que le agita el sistema respiratorio. Repito: Nada. No caiga en el facilismo de morderle los labios. En cambio hágase promesas. No hace falta que las cumpla, pero no las diga en voz alta, o tendrá que corresponderlas. Cáguese en todo lo que sabe. Cáguese en todo lo que sabe acerca de los procesos hormonales. Cáguese en todo lo que sabe acerca de las construcciones socioculturales. comparta el aliento sin compartir el tacto. Cree en el aire un híbrido de ambos formado por agua, aire, amilasa, hormonas, calor y microorganismos. No-diga-nada. Saboree su paladar a la distancia. Sienta el hambre. Porque de eso se trata. Del hambre. Mire a los ojos y no se preocupe por lo que hay en su propia cara.

Cuando no pueda soportarlo más, ataque.

No se pregunte “qué fue eso”. No se pregunte nada. Ya habrá tiempo más adelante, cuando la parte más difícil de este tutorial se vuelva a convertir en un problema.

(O cuando las putas tradiciones anglosajonas te echen en cara por todos los medios y redes que encuentres a quichicientos pelotudos comiéndose la boca, y cualquier razonamiento lógico que uno pueda hacer acerca de lo irrelevante que es una fecha muere bajo la oleada propagandística de los que comen delante de los pobres. Porque yo no creo en San Valentín, pero que existe, existe.)

Dios no maneja bien el rechazo

Él te ama. Pero si no es correspondido tiene un lugar especial para que sufras por toda la eternidad. No. Claro. No puede pensar con mentalidad de “hay muchos peces en el mar”.

“Ay, soy todopoderoso. Por eso quiero el pan, y la torta, y todo eso.”

De todas formas Yahvé maduró bastante. A diferencia de su colega Zeus, que anduvo toda la eternidad como catorceañero encocainado después de mirar cualquier película de los 70′ donde aparecieran coches y minishorts, Dios tuvo un par de aventuras locas en la antigüedad, y después se calmó. Como siempre, todo termina cuando embarazás a la jermu de un carpintero. Así es la vida. Sin embargo, Dios tuvo tiempo para encapricharse en su etapa juvenil quemando ciudades, transformando gente en sal e inundando el mundo entero.

¿Por qué?

¡Porque no le daban pelota, señores!

¡Porque no lo querían!

¿Alguna vez terminaste con una pareja en tan malos términos que si hubieras tenido el poder de convertir en sal a toda su familia lo hubieras hecho? Yo sí. Y después los hubiera usado para los fideos. Pero tengo miedo de terminar con la presión demasiado alta, así que sacrifico sal para fumar como un escuerzo.

Bueno. Así era Yahvé. Mirando orgías desde arriba, provocando incestos, jugando al Age of Empires, haciéndole joditas a Abraham… Me lo imagino como un puberto jodón, clavádnose pajas de hectoplasma por toda la eternidad.

Hasta que claro… Producto de aquella parafilia consistente en coger disfrazado de paloma termina por tener un hijo. Y bueno, le llega la madurez de repente.

“Aflojemos”, dice.

Y levanta aquella maldición que le había tirado a todos los seres humanos porque Adán y Eva lo dejaron resentido. Pero mantiene su promesa: “Quereme, o te prendo fuego hasta los huevos”. Literalmente. Y para colmo espera a que su hijo sea grande y le hace dar una paliza de la gran siete. Él dijo que fue por amor. No. Fue por arruinarle la juventud.

Y claro. Cuando consigue el amor de alguien se caga en él. Dios levanta giles sin esperanzas, que se sienten débiles ante la inmensidad del universo y los tiene ahí, como espos@s sumis@s, y sigue buscando amantes por todos lados. Quiere el mundo entero, y ni siquiera se presenta él mismo. No. Manda amigos a hacerle gancho o, como se dice habitualmente, “misionar”.

Aunque de todas formas no es ni por putas un amante tan celoso como Alá. Alá no puede soportar que haya otros. “Si no es mí@, no va a ser de nadie”, dice. Y ahí tenés: una guerra santa.

¿Y todo por qué? Porque estos dioses son attention whores. Son celosos y obsesivos.

Y si el “amor de Dios” es así de interesado… No sé qué tipo de amor puro proveniente de un ser perfecto tan colmado de egoísmo.